Una de las preguntas más frecuentes antes de hacer una primera sesión de regresión es: ¿qué exactamente va a pasar? La incertidumbre es natural —y completamente válida. En este artículo describo el proceso tal como transcurre, para que llegues a tu sesión con información clara, sin expectativas distorsionadas y con disposición a recibir lo que necesitas sanar.
Antes de la sesión: la preparación
Una buena sesión de regresión empieza mucho antes de que cierres los ojos. En el primer contacto, el terapeuta recopila información sobre lo que te trae al proceso: ¿hay un patrón que quieres entender? ¿Una emoción que no tiene explicación? ¿Una relación que se repite?
Esa información sirve como “pregunta intención” para la sesión —una brújula que orienta hacia dónde va a ir el inconsciente cuando se abra el proceso.
Recomendaciones para antes de tu sesión:
- No llegues en ayunas ni con hambre: el nivel de glucosa afecta la capacidad de relajación.
- Usa ropa cómoda. La sesión puede durar entre 90 minutos y 2 horas.
- Evita el alcohol 24 horas antes.
- Toma mucha agua ese día.
Durante la sesión: las etapas
1. Inducción y relajación profunda
El terapeuta te guía a través de un proceso de relajación progresiva: respiración, visualización, relajación muscular. El objetivo es llevar tu mente consciente a un estado más receptivo, similar a cuando estás justo antes de dormirte —despierto, pero muy relajado.
Este estado se llama nivel alfa o trance ligero. No pierdes el control ni la conciencia: en todo momento puedes hablar, escuchar y salir si lo decides.
2. El regreso: acceder a la escena
Desde ese estado de relajación, el terapeuta te guía hacia atrás en el tiempo. Primero a recuerdos de esta vida, y luego, cruzando una “puerta” imaginaria, hacia escenas que pueden pertenecer a otro tiempo o lugar.
Lo que emerge varía mucho entre personas:
- Algunos ven imágenes nítidas, casi como una película.
- Otros sienten emociones intensas sin imágenes claras.
- Otros perciben sensaciones físicas o simplemente “saben” cosas sin poder explicar cómo.
Todas estas formas de percibir son válidas. No hay una forma “correcta” de tener una regresión.
3. Exploración y trabajo terapéutico
Una vez en la escena, el terapeuta hace preguntas que ayudan a explorar lo que está ocurriendo: ¿Dónde estás? ¿Qué ves? ¿Cómo te sientes? ¿Hay alguien más contigo?
El trabajo terapéutico real ocurre aquí: identificar qué emoción está atrapada, quién más está involucrado en esa historia, qué decisión se tomó en ese momento —y cómo esa decisión sigue afectando tu vida presente.
A veces se trabaja en una sola escena. Otras veces se visitan varias. El terapeuta acompaña todo el proceso y puede intervenir para transformar o resolver lo que emerge.
4. El cierre e integración
Antes de salir del estado de trance, el terapeuta guía un proceso de cierre: soltar lo que ya no pertenece, integrar la comprensión que emergió, y traer de vuelta toda la energía y conciencia al presente.
Este cierre es tan importante como la exploración: es la diferencia entre abrir y cerrar el proceso adecuadamente.
Después de la sesión
Las primeras 24-48 horas después de una regresión pueden ser intensas emocionalmente. Es normal sentir:
- Un cansancio diferente al físico —como si hubieras procesado algo muy profundo.
- Emociones que siguen emergiendo suavemente: tristeza, alivio, claridad.
- Sueños más vívidos de lo habitual.
Todo esto es parte del proceso de integración. Se recomienda no hacer planes intensos esa tarde o noche, tomar mucha agua y anotar lo que recuerdas.
La sesión de seguimiento (que puede ser en la semana siguiente) sirve para revisar qué cambió, qué resonó y si hay algo más que integrar.
Cada sesión es única, porque cada persona lleva su propio material inconsciente. Lo que todos los consultantes comparten es que, al final, el proceso entrega algo que no esperaban: una perspectiva que lo cambia todo.