Fiore usó el término “desposesión” deliberadamente. No “exorcismo”. No “limpieza”. No “liberación” —aunque ese término vendría después con Baldwin. Desposesión: la remoción de algo que no debería estar ahí, realizada de forma clínica, sistemática, sin el aparato ritual del exorcismo religioso ni la carga dramática que ese término arrastra.

La elección de palabras importaba. Fiore trabajaba con una clientela que incluía muchos profesionales con formación universitaria —personas que habrían rechazado el proceso si se les hubiera presentado en términos religiosos. La terminología clínica era, para ella, una forma de hacer accesible un trabajo que de otro modo habría sido invisible para exactamente las personas que más lo necesitaban.

La estructura de una sesión de desposesión

El protocolo de Fiore para trabajar con entidades adheridas era más simple que el de Baldwin y más cercano a la práctica clínica convencional de la hipnoterapia:

Inducción hipnótica estándar. Fiore inducía al paciente a un estado de trance usando los mismos métodos que usaba para cualquier otra sesión de hipnoterapia. No había nada ritualmente especial en este paso.

Exploración del síntoma. Una vez en trance, Fiore guiaba al paciente a explorar el origen del síntoma que había motivado la consulta — no asumiendo de antemano que la causa era una entidad adherida, sino dejando que el material emergiera.

El momento de reconocimiento. En los casos que el libro documenta, en algún punto de la exploración emergía una “voz” o “presencia” diferente a la del paciente — algo que el paciente experimentaba como ajeno pero que estaba presente en su campo de conciencia bajo trance.

El diálogo. Fiore establecía contacto con esa presencia, usando al paciente como puente. Preguntaba quién era, qué necesitaba, qué la mantenía ahí. El diálogo era siempre compasivo, nunca combativo.

La liberación. Una vez que la entidad había comprendido su situación y había expresado su disposición a avanzar, Fiore la guiaba hacia la luz o hacia el plano siguiente —usando la imaginería que fuera más resonante para esa entidad específica.

Por qué compasión y no combate

La filosofía de Fiore sobre el trabajo con entidades partía de una premisa que la distinguía del exorcismo tradicional: las entidades adheridas, en su experiencia, no eran fundamentalmente malignas sino fundamentalmente confundidas o sufrientes.

Un espíritu que se ha adherido a un vivo porque no sabe que está muerto no es un enemigo —es alguien que necesita orientación. Un espíritu que se aferró a un familiar vivo porque el amor no lo dejó avanzar no es una amenaza —es alguien atrapado en un dolor que sobrevivió a la muerte.

Combatir a esa presencia, como el exorcismo combate a los “demonios”, no solo era innecesariamente traumático para el paciente sino potencialmente contraproducente: forzar la salida sin orientar a la entidad podía resultar en que simplemente se reubicara en otra persona.

La liberación compasiva era, para Fiore, tanto más efectiva como más ética.

Los resultados observados

The Unquiet Dead documenta los resultados que Fiore observó después del trabajo de desposesión: remisión de síntomas que no habían respondido a terapia convencional, alivio de estados depresivos o ansiosos persistentes, desaparición de conductas compulsivas.

Fiore no afirmaba que estos resultados probaban la realidad objetiva de las entidades adheridas —reconocía que existían otras explicaciones posibles. Lo que sí afirmaba era que el proceso terapéutico producía mejoras clínicas reales, independientemente de la interpretación teórica que se adoptara sobre lo que estaba ocurriendo.

Esa postura —pragmática, clínica, abierta a la incertidumbre sobre los mecanismos pero firme sobre los resultados observados— es exactamente la postura que hace a Fiore tan accesible para terapeutas con formación convencional.

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