La hipnosis tiene más mitos que cualquier otra modalidad terapéutica. Muchos vienen del cine, muchos del espectáculo, y algunos de una larga historia de uso sensacionalista que dificultó su aceptación en la medicina convencional.

Antes de una primera sesión de hipnoterapia o de regresión, conviene separar lo que es real de lo que es ficción.

”Me voy a quedar dormido y no me voy a enterar de nada”

Mito. El trance hipnótico no es sueño. Tu sistema nervioso central continúa activo y alerta durante todo el proceso. Lo que sí puede ocurrir es que tu nivel de conciencia cambie de una forma que, al salir del trance, se sienta similar al despertar de un sueño ligero — con esa sensación de haber estado “en otro lugar”. Pero durante la sesión estarás consciente, podrás escuchar lo que dice el terapeuta, y podrás hablar.

La confusión con el sueño viene de que algunas personas en trance profundo sienten sus párpados pesados y su cuerpo muy relajado — sensaciones que asociamos con el sueño. Pero el estado mental es diferente.

”El hipnoterapeuta va a controlar mi mente”

Mito. Nadie puede hipnotizarte en contra de tu voluntad, y una vez en trance nadie puede hacerte hacer o decir algo que tu código moral personal rechace. La hipnosis no es una forma de control mental — es una forma de colaboración. El terapeuta propone, tu sistema nervioso decide si responde.

Lo que hace el trance es reducir la vigilancia crítica habitual — ese filtro que evalúa constantemente lo que piensas y decides. Esa reducción facilita el acceso a material subconsciente, pero no elimina tus valores ni tu voluntad fundamental.

”No voy a recordar nada de lo que pase en la sesión”

Mito parcial. En la hipnosis terapéutica, la mayoría de las personas recuerda la mayor parte de lo que ocurrió en el trance. No siempre con la precisión de un recuerdo ordinario — puede tener más la textura de un sueño que de un evento ordinario — pero hay recuerdo. La amnesia hipnótica total es un fenómeno real pero poco frecuente, y en la terapia se evita deliberadamente porque la integración consciente del material es parte del proceso terapéutico.

”Soy demasiado racional para ser hipnotizado”

Mito. La sugestibilidad hipnótica no está inversamente correlacionada con la inteligencia ni con el pensamiento crítico. Algunos de los sujetos más altamente sugestibles documentados en investigación son personas con alta capacidad intelectual y pensamiento analítico desarrollado. Lo que varía es la capacidad de enfocar la atención de forma sostenida y de activar la imaginación vívidamente — habilidades que no tienen nada que ver con cuán “racional” seas en la vida cotidiana.

”Me puedo quedar atrapado en el trance”

Mito. No existe evidencia de que nadie se haya “quedado atrapado” en trance hipnótico. El trance hipnótico es un estado que tu sistema nervioso produce de forma natural — y del que puede salir de forma natural. Si el terapeuta dejara de hablar en medio de una sesión, eventualmente abrirías los ojos, ya sea porque saldrías del trance espontáneamente o porque te quedarías dormido y te despertarías de forma normal.

”La hipnosis es peligrosa psicológicamente”

Mito para la mayoría de las personas. La hipnosis clínica practicada por un terapeuta formado no es peligrosa para la mayoría de las personas. Existen contraindicaciones específicas — personas con historial de psicosis, ciertos tipos de trauma severo, algunas condiciones psiquiátricas — que un terapeuta responsable evalúa antes de comenzar. Pero para la persona promedio que llega con curiosidad o con un problema específico que quiere explorar, la hipnosis es una herramienta segura.

”Todo lo que ‘recuerdo’ en hipnosis es real y verdadero”

Mito. Este es quizás el mito más importante para desmantelar, especialmente en el contexto de la regresión. El trance hipnótico no es un detector de verdad. Lo que emerge puede ser material genuino de la memoria, puede ser elaboración creativa del inconsciente, puede ser material simbólico que no debe interpretarse literalmente.

Un buen terapeuta de regresión no trata todo el material emergente como “realidad objetiva” sino como información que puede ser útil y significativa para el proceso terapéutico, independientemente de su naturaleza exacta.

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