Si la legitimidad académica de Edith Fiore era notable —una psicóloga con PhD de una universidad reconocida— la de Alan Sanderson era directamente extraordinaria dentro del contexto de la liberación espiritual: un psiquiatra consultor formado en uno de los hospitales de enseñanza más prestigiosos de Reino Unido, con décadas de práctica dentro del sistema nacional de salud británico.

Sanderson no llegó a la liberación espiritual desde los márgenes. Llegó desde el centro de la psiquiatría institucional, lo que hace su trayectoria tanto más inusual y tanto más significativa para el campo.

La formación

Alan Sanderson obtuvo su título en medicina en el Hospital St. Thomas de Londres en 1954 — una de las instituciones de enseñanza médica más antiguas y respetadas de Gran Bretaña. Completó su especialización en psiquiatría y durante décadas ejerció como psiquiatra consultor en el Hospital Fairfield, dentro del Sistema Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido.

Era, en todos los sentidos visibles, un psiquiatra convencional con una carrera convencional. Lo que lo distinguía era la investigación paralela que desarrolló durante esos años: un interés creciente en la apariencia facial y la personalidad, y más tarde, un encuentro con la liberación espiritual que cambiaría la orientación de su práctica.

El encuentro con la liberación espiritual

En 1989, cuando regresó al NHS después de un período fuera, Sanderson introdujo técnicas de liberación espiritual en su práctica psiquiátrica. No fue un giro dramático sino un proceso gradual: había estado investigando durante años fenómenos que la psiquiatría convencional no tenía herramientas para abordar, y había encontrado en la liberación espiritual un conjunto de técnicas que producían resultados en casos donde los enfoques convencionales habían fallado.

Lo que lo sorprendió no fue que los pacientes respondieran —sino el nivel de detalle y consistencia en lo que emergía en las sesiones. Los relatos de los pacientes sobre las entidades adheridas tenían una especificidad que era difícil de atribuir a sugestión o a elaboración imaginativa.

La presentación al Royal College of Psychiatrists

Después de dejar el NHS en 1997, Sanderson comenzó a presentar sus casos y sus hallazgos al Grupo de Interés Especial en Espiritualidad del Royal College of Psychiatrists — la organización profesional más importante de la psiquiatría británica.

Esas presentaciones eran inusualmente bien recibidas para su tema. Sanderson no llegaba con afirmaciones extraordinarias sin evidencia; llegaba con décadas de documentación clínica, con un rigor metodológico propio de alguien formado en la mejor tradición de la medicina académica británica, y con una actitud que combinaba apertura genuina con el tipo de escepticismo calibrado que sus colegas podían respetar.

La Spirit Release Foundation

En 2000, Sanderson cofundó la Spirit Release Foundation, con el apoyo de un grupo de médicos y terapeutas complementarios. El objetivo era doble: educar al público general sobre la liberación espiritual como proceso terapéutico legítimo, y crear un puente entre la práctica de la liberación espiritual en la práctica privada y la necesidad de formación en la psiquiatría convencional.

La Foundation operó hasta 2013. Durante esos trece años publicó materiales educativos, formó terapeutas y estableció un directorio de practicantes en Reino Unido que sigue siendo referencia para quienes buscan este tipo de trabajo.

El libro y el legado

Sanderson publicó Psychiatry and the Spirit World, una obra que sintetizaba décadas de trabajo clínico con su comprensión teórica del fenómeno de la adhesión espiritual desde la perspectiva de un psiquiatra.

Su legado en el campo de la liberación espiritual no es tanto teórico —Baldwin y Fiore habían construido los marcos conceptuales principales— sino institucional: demostró que este trabajo podía tener un hogar dentro de la medicina institucional, que podía presentarse a una audiencia de psiquiatras con rigor suficiente para generar discusión seria, y que la brecha entre la práctica convencional y la práctica espiritual no era tan infranqueable como la mayoría asumía.

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