Dolores Cannon es quizás la figura del campo de la regresión que genera las reacciones más polarizadas: admiración intensa en sus seguidores, rechazo tajante en sus críticos. Entender las razones de ese rechazo —más allá del prejuicio anti-espiritual— ayuda a situar su obra con más honestidad.

La ausencia de formación clínica

La crítica más obvia es la que Cannon nunca pudo responder completamente: no tenía formación académica en psicología, psiquiatría ni hipnoterapia en el sentido convencional del término. Su método fue autodidacta, construido desde la práctica empírica sin el marco teórico ni el supervisión que la formación profesional proporciona.

Esto tiene consecuencias prácticas. Un terapeuta formado en psicología clínica sabe cómo manejar una crisis disociativa, cómo reconocer un trastorno de personalidad, cómo hacer el cribado clínico necesario antes de trabajar con hipnosis profunda. Cannon, sin esa formación, trabajaba en un territorio emocionalmente delicado sin esas herramientas.

Sus defensores señalan que aprendió lo necesario de décadas de práctica. Puede ser cierto. Pero no es lo mismo, y la diferencia importa cuando se trabaja con la psique de personas vulnerables.

Las afirmaciones no verificables

El segundo vector de crítica es epistemológico. Cannon hizo afirmaciones sobre civilizaciones extraterrestres, viajes interdimensionales, el diseño del alma humana y la misión cósmica de grupos de personas —afirmaciones que son, por su propia naturaleza, completamente infalsificables.

No hay ningún experimento que pueda determinar si alguien fue un ser de luz en otra dimensión antes de encarnar en la Tierra. No hay ningún archivo que permita verificar si las civilizaciones que sus sujetos describieron existieron. Las afirmaciones de Cannon son impermeables a la refutación, lo que las coloca fuera del dominio de lo que puede ser evaluado como verdadero o falso.

Esto no las convierte automáticamente en falsas. Pero sí las convierte en algo diferente a conocimiento en el sentido verificable —son narrativas, son experiencias, son interpretaciones. Presentarlas como hechos sobre la realidad es un error categorial.

La apelación superficial a la física cuántica

Hemos mencionado esto en otros artículos, pero merece enfatizarse: la conexión que Cannon y muchos de sus seguidores hacen entre las experiencias de QHHT y la física cuántica es, desde una perspectiva científica, un uso incorrecto de la terminología.

La física cuántica describe fenómenos a escala subatómica con matemáticas precisas. Los términos “cuántico”, “entrelazamiento”, “superposición” tienen significados técnicos específicos que no son transferibles a fenómenos macroscópicos como la conciencia humana o la hipnosis —al menos no sin mediación teórica rigurosa que Cannon no proporcionó.

La apelación a la física cuántica como validación de ideas espirituales es lo que el filósofo de la ciencia Alan Sokal llamó “charlatanería cuántica” —y es un problema que afecta a una parte amplia del campo New Age, del que el QHHT forma parte.

El riesgo de la hipnosis profunda sin supervisión clínica

La hipnosis somnámbula —el nivel de trance que el QHHT busca— puede generar o amplificar estados disociativos en personas predispuestas. El protocolo de seguridad que la hipnología clínica convencional establece incluye una evaluación previa de la historia psiquiátrica del cliente, criterios de exclusión claros y supervisión adecuada.

Los practicantes de QHHT reciben formación sobre esto en los niveles más avanzados del programa. Pero la accesibilidad relativa de la formación de Nivel 1 —comparada con, por ejemplo, los estándares del Newton Institute— genera el riesgo de que practicantes sin suficiente experiencia trabajen con clientes que requieren más cuidado del que pueden proporcionar.

La evaluación final

Nada de lo anterior hace que las experiencias de las personas en sesiones de QHHT sean inválidas o sin valor. Lo que hace es señalar los límites del marco teórico y del rigor metodológico con que esas experiencias fueron sistematizadas y presentadas al público.

Cannon fue una exploradora genuina con una curiosidad auténtica y una disposición al asombro que era contagiosa. También fue alguien que hizo afirmaciones que excedían lo que su evidencia podía sostener. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo —y en el caso de Cannon, probablemente lo son.

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