Si Conversations with Nostradamus fue el libro que lanzó a Dolores Cannon al mapa editorial, y Three Waves of Volunteers fue su obra más accesible, la serie The Convoluted Universe —cuatro volúmenes publicados entre 2001 y 2012— es su trabajo más ambicioso, más extraño y más difícil de categorizar.

El título lo dice todo: “convoluto” en el sentido de enrevesado, complejo, difícil de seguir. Cannon usó el término con conciencia plena —era consciente de que lo que documentaba en esos libros estaba muy lejos de ser asimilable para la mayoría de los lectores.

Qué contiene la serie

Los cuatro volúmenes de The Convoluted Universe son, esencialmente, recopilaciones de fragmentos de sesiones de QHHT en las que el Subconsciente de los sujetos habló sobre temas que exceden con mucho la historia personal o las vidas pasadas convencionales.

Entre los temas que Cannon documentó en estas sesiones:

Cosmología y múltiples dimensiones. Descripciones de sistemas de planetas y civilizaciones que los sujetos “recordaban” haber habitado antes de encarnar en la Tierra. Estructuras dimensionales que van más allá de la experiencia física ordinaria.

La naturaleza del tiempo. Varios sujetos describieron el tiempo no como lineal sino como algo que existe en múltiples capas simultáneas —una descripción que Cannon relacionó con interpretaciones de la física cuántica, aunque sin pretender hacer física rigurosa.

El proceso de creación. Material sobre cómo —desde la perspectiva que emergía en trance profundo— la realidad física es una forma de conciencia proyectada, y sobre el papel del alma en ese proceso.

Las energías y la Tierra. Descripciones de lo que algunos sujetos llamaban “la Tierra como ser vivo” y de la relación entre la conciencia humana y el planeta.

La relación con la física cuántica

Uno de los aspectos más llamativos —y más criticados— de los libros de Cannon es su apelación a la física cuántica. Cannon encontraba paralelismos entre lo que emergía en sus sesiones y conceptos como la superposición, el entrelazamiento cuántico o la teoría de muchos mundos.

El problema es que Cannon no era física —y sus analogías, aunque intuitivamente resonantes, no son matemáticamente precisas. Los físicos que han revisado estas conexiones las encuentran superficiales: el hecho de que un concepto metafísico suene parecido a un término de física cuántica no lo convierte en verificable ni en compatible con la física real.

La apelación a la física cuántica como “validación” de ideas espirituales es un problema recurrente en la literatura New Age que va más allá de Cannon —pero ella lo practicó con más entusiasmo que rigor.

Por qué los libros tienen lectores apasionados

A pesar de estas limitaciones, los cuatro volúmenes de The Convoluted Universe tienen un seguimiento leal y extenso. La razón es probablemente la misma que explica el atractivo de toda la obra de Cannon: el material no viene del intelecto de la autora sino de lo que emergió en cientos de sesiones con personas ordinarias que, bajo hipnosis profunda, hablaban sobre cosas que no podían haber elaborado conscientemente con esa consistencia.

Si se suspende temporalmente el juicio sobre la naturaleza de ese material —si se lee como exploración en lugar de como propuesta de realidad— la serie abre preguntas genuinamente interesantes sobre la naturaleza de la conciencia y la experiencia humana.

El lugar de la serie en el corpus de Cannon

Dentro de la obra de Cannon, The Convoluted Universe representa su trabajo más radical y también el que más se aleja de cualquier posibilidad de verificación. Es el Cannon sin filtros —sin las anclas narrativas de un personaje histórico como Nostradamus ni la coherencia sociológica de las Tres Olas. Es Cannon siguiendo el material a donde quiera que fuera, sin preguntarse demasiado si era razonable o no.

Hay algo admirable en esa disposición. Y hay también algo que requiere una disposición lectora que no todo el mundo tiene o quiere tener.

Para quienes ya están dentro del universo conceptual de Cannon, los cuatro volúmenes son una expansión fascinante. Para quienes llegan sin ese marco previo, pueden resultar abrumadores. No hay mucho término medio.

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