La hipnosis tiene una historia que combina ciencia, teatro, escándalo y genialidad en proporciones inusuales. Para entender qué es la hipnosis hoy, ayuda saber de dónde viene — y por qué tardó tanto en ser aceptada como lo que es.

Franz Anton Mesmer y el magnetismo animal

La historia de la hipnosis moderna comienza en Viena en la segunda mitad del siglo XVIII con Franz Anton Mesmer (1734–1815), médico austriaco con formación en astronomía y medicina que desarrolló una teoría extraordinariamente influyente —y extraordinariamente equivocada— sobre la naturaleza de la salud y la enfermedad.

Mesmer propuso que existía un fluido invisible que permeaba todo el universo —lo llamó “magnetismo animal”— y que los desequilibrios en ese fluido eran la causa de todas las enfermedades. Los médicos con el don adecuado podían manipular ese fluido con sus manos, con imanes o con la voluntad, restaurando el equilibrio en los pacientes y curando sus enfermedades.

Lo que Mesmer hacía en sus sesiones era, visto desde hoy, una forma primitiva de hipnosis de grupo: inducía estados de trance en sus pacientes usando técnicas de atención focalizada, contacto físico y rituales elaborados. Los pacientes respondían con convulsiones, llanto, risas y, frecuentemente, mejoría de sus síntomas.

El escándalo de París

En 1778, Mesmer se trasladó a París, donde su práctica se convirtió en un fenómeno social. La aristocracia francesa acudía en masa a sus sesiones en la Place Vendôme, donde Mesmer operaba alrededor de un baquet —una tina llena de agua y limaduras de hierro de la que salían varillas metálicas que los pacientes sostenían mientras él circulaba entre ellos.

El espectáculo era extraordinario. También era, decididamente, negocio.

En 1784, el rey Luis XVI nombró una comisión real para investigar el magnetismo animal. La comisión incluía figuras de la talla de Benjamin Franklin, el químico Antoine Lavoisier y el médico Joseph-Ignace Guillotin. Su conclusión fue clara: el magnetismo animal no existía. Los efectos que Mesmer producía eran reales, pero su causa era la imaginación de los pacientes, no ningún fluido invisible.

Mesmer fue desacreditado públicamente. El mesmerismo, sin embargo, sobrevivió —y siguió practicándose en círculos privados durante décadas.

James Braid: el nombre y el concepto

El paso decisivo hacia la comprensión moderna de la hipnosis lo dio James Braid (1795–1860), cirujano escocés que asistió a una demostración de mesmerismo en Manchester en 1841. Braid era escéptico sobre el magnetismo animal —pero lo que vio en la demostración le interesó lo suficiente como para investigarlo.

Lo que descubrió fue que los estados de trance no requerían ningún fluido magnético ni ninguna habilidad especial del operador. Lo que los producía era algo mucho más simple: la fijación prolongada de la atención en un punto.

Braid experimentó con diferentes métodos de inducción — pedir al sujeto que mirara fijamente un objeto brillante, por ejemplo — y descubrió que podía reproducir los estados de trance que los mesmeristas producían sin ninguno de su parafernalia. Publicó sus hallazgos en 1843 en Neurypnology, el primer tratado científico sobre el fenómeno.

Y dio al fenómeno el nombre que conserva hasta hoy: hipnosis, del griego hypnos (sueño). El nombre era algo impreciso —el trance hipnótico no es sueño— pero se quedó.

Con Braid, la hipnosis se separó del misticismo y entró en el ámbito de la investigación científica. Tardó décadas en ser aceptada por la medicina convencional, pero el camino ya estaba trazado.

auto_awesome
¿Quieres explorar este proceso?

Puedes trabajar personalmente la regresión con un terapeuta certificado. Conoce el trabajo de Juan Pablo Loaiza, especialista en RVP.