El fenómeno que Stevenson investigó durante cuarenta años no es raro en el sentido de ser inusual —es raro en el sentido de ser sistemáticamente ignorado. Niños pequeños que describen con detalle una vida que no es la suya, que piden ser llevados con “su otra familia”, que muestran habilidades o miedos que no tienen explicación en su entorno actual. El fenómeno existe en culturas muy diversas, con independencia de las creencias religiosas de las familias.
El perfil típico
Después de estudiar más de 3.000 casos, Stevenson identificó un perfil bastante consistente del niño que recuerda vidas pasadas:
La edad de inicio. Los recuerdos emergen típicamente entre los dos y los cuatro años —cuando el niño tiene suficiente lenguaje para comunicar lo que percibe pero antes de que el proceso de socialización haya generado el filtro que en niños mayores suprime estas experiencias.
La naturaleza de los recuerdos. Lo que los niños recuerdan no es una vida completa y detallada. Son fragmentos: el nombre que tenían, el lugar donde vivían, cómo murieron, a veces nombres de familiares o detalles específicos de su entorno. Los casos más sólidos son aquellos donde los detalles son suficientemente específicos para permitir identificar a la persona de la vida anterior.
Los comportamientos asociados. Además de las declaraciones verbales, muchos de estos niños muestran comportamientos que no corresponden con su entorno familiar: miedos que coinciden con la causa de muerte de la personalidad anterior, fobias que tienen lógica desde la perspectiva de esa otra vida, preferencias o habilidades que no tienen explicación en la familia actual.
El desvanecimiento. En la mayoría de los casos, los recuerdos se desvanecen espontáneamente entre los seis y los nueve años, a medida que el niño se integra en su vida actual. Algunos niños los pierden de golpe; otros gradualmente; en casos excepcionales, persisten hasta la adolescencia.
Las diferencias entre culturas
Stevenson encontró una variación notable entre culturas en la forma en que este fenómeno se manifiesta y en cómo las familias lo manejan. En culturas con una tradición activa de creencia en la reencarnación —India, Sri Lanka, culturas indígenas de America del Norte, algunos grupos del Líbano y Turquía— los niños frecuentemente son animados a describir sus recuerdos, y el fenómeno es socialmente reconocido.
En culturas donde la reencarnación no es parte del marco religioso predominante —culturas occidentales de tradición cristiana, por ejemplo— los niños tienden a ser silenciados o ignorados cuando hacen estas declaraciones, lo que puede explicar por qué los casos verificados son más escasos en estos contextos: no porque el fenómeno no ocurra, sino porque no se le da espacio para expresarse.
Los casos con verificación cruzada
Los casos más sólidos de la base de datos de Stevenson son aquellos donde se pudo verificar de forma independiente la existencia de la persona que el niño describía. Estos casos siguen una secuencia lógica de verificación:
- El niño hace declaraciones específicas en su entorno familiar.
- Esas declaraciones se documentan antes de que se realice ninguna investigación.
- Un investigador intenta identificar a la persona correspondiente basándose en los detalles del niño.
- La identidad se verifica con la familia de esa persona.
- Se confronta cada declaración del niño con lo que la familia de la personalidad anterior puede confirmar o desmentir.
En los casos más sólidos de la base de datos de Stevenson, el porcentaje de declaraciones verificadas correctamente supera el 70%. La probabilidad de que eso ocurra por azar o por información ordinariamente accesible es muy baja.
Lo que los escépticos proponen
Los críticos de Stevenson han propuesto varias explicaciones alternativas. La más frecuente es el fraude o la contaminación: las familias buscan activamente coincidencias, los niños reciben información de forma no reconocida. Stevenson tomó estas posibilidades muy en serio e intentó documentar los casos de forma que fuera posible evaluar su solidez con independencia de las familias implicadas.
Otra explicación propuesta es la criptomnesia familiar: el niño absorbe información de conversaciones de adultos que no recuerda haber escuchado. Esta posibilidad es real en algunos casos —Stevenson la considera y la usa como criterio de descarte. Pero en los casos donde el niño vive en un contexto geográfico y social completamente separado de la familia de la personalidad anterior, y donde la información que proporciona no está disponible de ninguna forma pública, el argumento de la criptomnesia se debilita considerablemente.
Una fenomenología digna de estudio
Independientemente de lo que uno crea sobre la reencarnación, la existencia del fenómeno de niños que hacen declaraciones específicas sobre vidas anteriores —verificables en algunos casos— es un dato que merece explicación. Stevenson no es el único investigador que lo ha documentado: Jim Tucker, su sucesor en Virginia, continúa el trabajo con un rigor metodológico similar y con una base de datos en crecimiento.
El fenómeno existe. Qué lo explica es la pregunta que sigue abierta.