Roger Woolger murió en 2011, pero su influencia en el campo de la psicoterapia transpersonal —especialmente en Europa— permanece viva en múltiples formas: en los terapeutas que él formó directamente, en el vocabulario conceptual que su síntesis de Jung y regresión aportó al campo, y en Other Lives, Other Selves, que sigue siendo un texto de referencia.

El impacto en la formación de terapeutas

A lo largo de su vida, Woolger impartió talleres y supervisó a terapeutas en Gran Bretaña, Alemania, Suiza, los Países Bajos, los Estados Unidos y otros países. Su influencia fue más intensa en el contexto europeo —especialmente en las comunidades de práctica junguiana— que en América del Norte o Latina, donde Weiss y Newton tienen mayor visibilidad.

Los terapeutas que se formaron con Woolger frecuentemente describen su impacto como doble: recibieron una técnica de trabajo con vidas pasadas, pero también —y quizás más importante— recibieron un marco conceptual que les permitió integrar ese trabajo en su práctica clínica sin sentir que tenían que adoptar un sistema de creencias espirituales específico.

Esa separación entre técnica y metafísica es, en retrospectiva, una de las contribuciones más valiosas de Woolger.

El puente hacia la psicología del trauma

El aspecto del legado de Woolger que más relevancia ha ganado en los últimos años es su énfasis en la dimensión somática. A medida que la psicología del trauma —con figuras como Bessel van der Kolk, Peter Levine y Pat Ogden— ha ido ganando reconocimiento mainstream, el trabajo de Woolger sobre el cuerpo como archivo de memorias de vidas pasadas se ha vuelto más comprensible para terapeutas formados en esas corrientes.

No porque esos terapeutas adopten la hipótesis de la reencarnación —la mayoría no lo hace. Sino porque las técnicas que Woolger desarrolló para trabajar somáticamente con el material de vidas pasadas son funcionalmente equivalentes a las técnicas de trabajo con trauma corporal, y producen efectos similares.

Esta convergencia ha abierto un diálogo inesperado entre el Deep Memory Process de Woolger y las psicoterapias corporales contemporáneas.

La cuestión sin resolver: la evidencia

El punto débil del legado de Woolger es el mismo que el de todo el campo de la regresión: la falta de verificación independiente de si el material que emerge en las sesiones tiene algún correlato en la realidad histórica.

Woolger era honesto sobre esto —más que la mayoría de sus contemporáneos. Pero esa honestidad no resuelve el problema: si no sabemos si el material es memoria o producción simbólica, tampoco sabemos exactamente qué estamos sanando cuando el proceso terapéutico produce alivio.

Esta ambigüedad fundamental permanece abierta y es poco probable que se resuelva con las herramientas que la ciencia actual tiene disponibles.

El valor de una posición matizada

El legado más duradero de Woolger puede ser precisamente ese: haber demostrado que es posible trabajar con el material de vidas pasadas con rigor, con honestidad intelectual y sin adoptar una metafísica que excluya a quienes vienen de una tradición secular o científica.

En un campo que frecuentemente cae en la certeza cómoda —ya sea la certeza del creyente o la certeza del escéptico— la posición de Woolger de mantener la incertidumbre como un espacio productivo fue y sigue siendo inusual.

Para los terapeutas que quieren acercarse a la regresión desde la psicología profunda sin abandonar el rigor clínico, la obra de Woolger sigue siendo el mejor punto de partida disponible.

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