En el campo de la regresión a vidas pasadas, la mayoría de los grandes exponentes llegaron desde la hipnoterapia o desde la experiencia espiritual personal. Roger Woolger llegó desde Jung —y esa diferencia de origen es lo que hace su contribución tan particular y, para muchos profesionales de la salud mental, más accesible que la de sus contemporáneos.
Formación académica y el encuentro con Jung
Roger J. Woolger nació en 1944 en Gran Bretaña. Se formó en la Universidad de Oxford, donde estudió psicología y filosofía, y luego en la Universidad de Londres. Pero el punto de inflexión en su formación fue el Instituto C. G. Jung de Zurich, donde obtuvo la certificación como analista junguiano.
Jung es el psicólogo que más lejos llevó la exploración del inconsciente colectivo —la idea de que bajo el inconsciente personal existe una capa más profunda compartida por toda la humanidad, poblada de arquetipos universales. Para Woolger, ese terreno junguiano resultó ser el punto de entrada natural a algo que Jung mismo había insinuado pero no había desarrollado explícitamente: la posibilidad de que el material que emerge en la psique profunda incluya ecos de vidas anteriores.
El encuentro con las vidas pasadas
Woolger describe en Other Lives, Other Selves (1987) cómo su encuentro con la regresión fue accidental y profundamente perturbador para su propia cosmovisión. Trabajando como analista junguiano, comenzó a observar que algunos de sus pacientes accedían espontáneamente, en estados de trabajo profundo con imágenes activas, a material que no encajaba en ninguna memoria de la infancia ni en ningún arquetipo junguiano reconocible —pero que funcionaba exactamente como una memoria de una vida diferente.
La honestidad intelectual de Woolger fue su respuesta: si esto emerge y produce efectos terapéuticos, hay que tomarlo en serio —independientemente de lo que uno crea sobre la reencarnación como hecho metafísico.
Una posición epistemológica matizada
Lo que distingue a Woolger de Weiss, Newton o Cannon es la sofisticación de su posición epistemológica. Woolger no afirma que las vidas pasadas son necesariamente reales en el sentido literal. Propone algo más matizado: que el inconsciente usa la estructura narrativa de “otra vida” —sea memoria literal o producción simbólica— para trabajar material emocional que de otra forma permanecería inaccesible.
Esto lo hace compatible con una visión psicológica amplia: incluso si uno no cree en la reencarnación, puede apreciar el valor terapéutico de trabajar con el material que emerge bajo ese marco, porque ese material refleja algo real en la psique del paciente.
Esta posición —pragmática, epistemológicamente cuidadosa, orientada al resultado terapéutico más que a la verdad metafísica— es lo que le da a Woolger una credibilidad particular entre profesionales de la salud mental de orientación analítica.
Enseñanza y práctica
Woolger enseñó en universidades e institutos de formación junguiana en Europa y América del Norte. Desarrolló el Deep Memory Process (DMP), su método propio de trabajo con vidas pasadas, que combina elementos de la hipnosis, el trabajo corporal y el psicodrama junguiano.
Impartió talleres y supervisó terapeutas hasta poco antes de su muerte en 2011. Su influencia en el campo de la psicología transpersonal europea fue considerable, especialmente en Gran Bretaña y Alemania, donde la tradición junguiana tiene mayor arraigo académico que en América.
Por qué Woolger sigue siendo relevante
Tres décadas después de la publicación de Other Lives, Other Selves, Woolger sigue siendo la figura más citada cuando se busca un punto de encuentro entre la psicología académica y la regresión terapéutica. Su formación en Oxford y el Jung Institute le da una credencial que el campo raramente tiene, y su disposición a mantener la incertidumbre sobre el estatus ontológico de las vidas pasadas lo hace más creíble, no menos, para los lectores que valoran la honestidad intelectual por encima de la certeza cómoda.